18 de marzo de 2010

Una historia

En Buenos Aires, casi llegando a 1918, desembarcaba proveniente de España una señora entrada en años y una niña de tiernos dos. Solas se enfrentaban a la realidad de arribar a un país ajeno y desconocido donde los extranjeros llegaban de a miles para intentar escapar de una tierra asolada por las guerras y el hambre.
No eran la excepción de la regla, y allí estaban: paradas en el puerto sin saber muy bien qué hacer y mucho menos qué esperar de este lugar tan lejano y tan distinto al propio.
La niña se llamaba Catalina y la mujer madura era una tía de dudosa procedencia, que había decidido hacerse cargo de la pequeña dado que los padres habían muerto y no tenía más familia que una hermana melliza, María, que quedara en España al cuidado de otro benefactor. Ninguno de los tutores cedió en deshacer su plan y fueron separadas sin consideración alguna. Una edad muy temprana para sufrir tantas pérdidas.
El tiempo comenzó a correr, y Catalina se quedó en sus manos con su adolescencia incipiente y nuevamente sin familia al morir esa tía que finalmente tanto amor y compañía le había brindado. Cuando apenas había cumplido los 16 años se encontraba sola otra vez.
El legado de la única familiar que supo tener, había sido la enseñanza de usar sus manos, era una costurera abnegada,  y en una habitación en una pensión limpia y sin deudas vivía y cocía día tras día. Ya por esos años mozos ella era puro temperamento bajo control, tal vez por eso, su cuidadora la dejó sola: intuía que ella podría salir adelante sin problemas.
Así fue que unos pocos años después Catalina y Enrique se conocieron, se enamoraron y se casaron, formaron una pareja mestiza: ella Catalana de alma y el Criollo de pura cepa. Fueron felices, se les notaba en la cara. Tuvieron cinco hijos y muchísimos nietos y bisnietos a quienes alojaban debajo de sus alas, mimando y retando cada vez que podían, su familia lo era todo.
Pero Cata tenía una cuenta pendiente, sabía que tenía a alguien más del otro lado del océano y se forjó la meta de buscarla a como de lugar y sin importar cuanto tiempo le llevara semejante misión.
A escondidas de ella, sus nietos tramaron cumplirle el sueño. La búsqueda era frustrante, correr en círculos detrás de pistas de una "María" que parecía inexistente y a la vez replicada en infinitos casos de gente que anhelaba ser encontrada, eran los callejones sin salida con los que fueron a parar una y otra y otra vez.
Hasta que finalmente la esperada noticia llegó: “¡La encontré!” gritó Roberto un domingo de esos tantos que pasaba en la casa de los adorados abuelos. Después de un tiempo extenso, casi tres años, el éxito llegó!
Éxito, suerte, destino, quién sabe qué realmente. Pero la encontraron.
Es muy difícil explicar el momento de ese reencuentro. La carga de emociones en sus rostros hablaba de cuán postergado y esperado fue para ellas. Parecía que hubiesen dejado su vida en suspenso hasta que quisieron soltarse de nuevo, así de largo fue el abrazo.
Catalina y María eran tan parecidas! habían envejecido a la par aún habiendo vivido vidas tan distantes en tantos sentidos.
Estuvieron perdidas la una de la otra durante 73 años, se volvieron a ver en dos oportunidades: aquí y en España. Catalina no quería morirse sin haber vuelto a pisar su tierra, y una vez más fue feliz y pudo desandar algunas de esas pérdidas de las que hablé al principio de esta historia.
Y así fue que cuando años después Enrique muriera, ella anunció su retirada: "Ya no tengo más nada que hacer, conocí el amor y lo perdí tantas veces, que voy a descansar un año y después me voy" había dicho.Catorce meses después ella cumplía su palabra dejándonos a todos bastante solos por cierto, pero Cata jamás te hubiese dicho algo así si no iba a ser verdad. No! nunca hablaba en vano!

Este es el recuerdo más emotivo que guardo de Catalina y un breve resumen de su historia, alguien a quien nunca voy a olvidar ni voy a dejar de extrañar.
Te quiero Abuela, te llevo siempre en mis pensamientos y por supuesto en mi corazón.
Vos sos y fuiste la raíz de mi raíz.

2 comentarios:

Ménage à Trois dijo...

moni, es precioso esto que escribis.
te cuento que hace unas semanas practicamente no me pude sentar mas de dos minutos en la compu, ergo no pude chequear mails, blogs, twitter y demas.
asi que ya que pude escaparme un poquito de la realidad, paso por aca, te dejo un beso y sigo con mis tares nuevamente!
beso

Auténtica y virtual dijo...

Gracias por pasar, mi abuela fue muy importante para mi y quice recordarla asi...Beso